lunes, 14 de noviembre de 2011

8. - EN UNA MAÑANA ( Annia Mancheño García)

¡ EN UNA MAÑANA !

En ánforas de barro viejo,
como vieja está la mirada,
aletean los recuerdos, quietos,
con polvo de tiempo, por cama.

Ellos, quieren encerar estos
entre muros de inutilidad...
¡ No ! No dejes vejez
que consigan encerrar tu historia...
¡ Rebélate !
Ellos no tienen el polvo
del camino en sus manos.
Ellos no saben de duras luchas...
No tienen en su poder las llaves
que encerrar pueda el respeto
a los años pasados.

Las llaves las tienen tú...
Las forjaste a fuerza de labrar
minuto a minuto,
la estela de tu destino.
No dejes que ahora el camino
destruyan en un suspiro
queriendo envolver tu vida
en vientos de olvidos.
Ya eres viejo...
¿ Y qué ?
¿ Acaso ellos serán jóvenes
para la eternidad ?

Habrán de hacer su camino
abriendo surcos por sendas
que tú andando paso a paso,
con la sangre de tus sudores
fuiste alisando cuando
hacía el futuro iba marchan
do

Ahora te llaman... ¡ Torpe !
Ya no posees la agilidad que admiraban...
Inepto, viejo, caduco... Dicen...
Ya no te ven lucido, brillante...
Ya no alaban tus proezas pasadas.

Ahora, eres incompetente, senil, yermo...
¡ Ya no vales nada !
Ya no recuerdan, que ileso,
saliste de tantas batallas
que la vida fue planeando
para probar tu templanza.

¿ Dónde estaban ellos
cuando aquella tenebrosa Dama
que, soledad, decía llamarse,
te arrebató la flor más amada ?
¿ Cuando ésta se marchitó
y envuelta en velos de mortal
silencio,
marchó con la palidez en su cara ?

¿ Dónde estaban ellos
para limar tu dolorosa añoranza ?

Como una limosna
tomaste el tiempo que te quedaba,
porque con ellos tenías
una deuda de amor firmada.
Eran carne de tu carne...
Sangre de tu sangre...
Patrimonio que al mundo dejabas.
Esa carne y esa sangre,
a la tierra te ataban.

Fuiste comiéndote el tiempo,
a pesar de que el dolor
hacía brotar las lágrimas
que su crecimiento se cobraba,
al soportar en soledad
la sobrecarga de la falta de la flor
que ya no estaba.

Te sumergiste en trabajo,
responsabilidades...
¡ Mañana !
Marchando hacía el futuro veía
como tu carne y tu sangre avanzaban
Y ahora... En ánforas de barro viejo
entre muros de engañosa comodidad,
quieren tu vejez aprisionar...

Han pintado esos muros
con dibujos de progresos...
Además... Dicen que detrás de ellos
encontraras felicidad.

¡ Necios !
Burdas razones les acompañan.

Cómo pueden un libro abierto
donde estampada la sabiduría clama,
encerrada en ánforas viejas
guardar entre muros de vejez desvalorizada.

Fuiste sobre ese libro abierto el día
que el primer amanecer contemplabas,
escribiendo para ellos pagina tras paginas,
antes, en blanco,
con tinta de tiempo aprisionaban,
pletóricas experiencias
que sobre tu cuerpo se arraigaban,
para que fuera éste, el timón del barco
que sobre el mar de la vida tu dejabas.

Y página a página,
como brújulas de momentos creadas,
con ellas se fueran guiando
mar adentro, a través
de suaves olas y tormentas
que a su paso se desencadenarán.

Grítales... ¡ Ignorante... !
¡ Desagradecidos !

Diles... que tu amor reclama.
Que te den en tu vejez
un poco d
e la miel,
que tú, con un soplo de vida,
para ellos sobre el vientre de tu flor amada,
segregaste... con amor recolectada.
Que la dulzura de ésta,
ponga en sus corazones
un átomo de comprensión razonada.

Y si no quieren que el tiempo
guarde en sus entrañas,
la savia que emplean para ahogar tu vejez
entre muros de comodidad disfrazada...

Diles...que cuando marches...
cuando el ánfora quede vacía y olvidada...
la guarden en arca de tiempo,
que la vejez, es un camino que ellos
inexorablemente recorrerán
hacía el futuro que les llama.

Y, un día... otra carne de sus carnes
y sangre de su sangre,
se la reclamarán en un mañana.



1 comentario:

  1. Ania, gracias por esta poesia , me has puesto los pelos como escarpias, ¡¡qué verdad !!.
    ¡¡quë sentimientos encierra !!
    un saludo y sigue escribiendo
    beni

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