jueves, 13 de marzo de 2014

30. Conocer nuestra identidad.


Me agobia tanta afluencia, sobre todo, me asombra. ¿De dónde surgen los gritos? Como tales resuenan en mi cabeza, su demanda es ¡urgente¡, el mensaje.¡Escuchad!.

¡Dios mío!.. ¿El azar puede determinar mi decisión, puede cavilar sobre el interés a despertar del oyente, considerar primordial sacar provecho mercantil, dar luz, novedad, originalidad, conseguir algo por lo que exclamar: ¡insólito!?

Así de complicado he vivido la decisión de escoger entre esas voces clamando. Exigen espacio puro sin condicionamiento, sin: "a cambio de", las oigo en el corazón, sagrario de mi ser. La cabeza con su razón y razones inteligentes, se estremece y acude disponible ante su apremio.

¿De qué voces hablo, y cuál el apremio?. De las que habitan en mi conciencia, consciencia, corazón, entrañas, alma, ser, de las que hablan de Amor, Confianza y Seguridad. Todas con mayúscula. Su contenido y poder pacifico así lo exigen.

El apremio está en escucharlas pausadamente, reconocerlas y prestarles la atención que corresponde a su identidad y categoría; separarlas del griterío descontrolado de esas otras que también nos pertenecen y tampoco podemos ignorar: miedos y desconfianza, Juntas cohabitan en nosotros cual larva y mariposa en el capullo.

Apremio: de Vida , de Dios, de Paz, de Coherencia, de Latido, ¡sobre todo de identidad, no sigamos en la maraña de la confusión que con magnificencia en su disfraz, encubre las peores plagas, (la historia puede darnos detallada cuenta). No existe presagio más fidedigno de catástrofe, que perder la brújula, ni más invalidante que desconocer nuestra identidad; desaparecerán los caminos y la posibilidad de llegar al lugar de destino, la luz del sol no remedia su ausencia, ni las estrellas podrán sustituirlos. Confundir… voluntaria o inocentemente es la herramienta perfecta para NO CONSEGUIR NADA, salvo, esa confusión y miedo que exasperan al ser humano arrastrándole a la desesperación y consecuentemente, esta, a encararse en una destrucción descontrolada (luchas y guerra), ¡estelas de terror¡

Abandono un poco el regazo de la metáfora para erguirme en valentía, diciendo sin rodeos: ¡urge la cooperación en lugar de la competencia, urge la implicación creativa para reemplazar la crítica destructiva, muy urgente, practicar el compromiso para desplazar el mecanismo de culpabilizar mientras nosotros no exponemos nada a cambio, urge saber quiénes somos, distinguir nuestra grandeza, no para presumirla, sino para vivir en verdad desde ella, oír "nuestras voces",harán más nítidas las de los otros!. Podremos alargar la inocencia hasta el día de nuestra muerte, aunque esta suceda e edad avanzada. No hay ningún adulto que no se siente niño, ni anciano que sufra mayor pena que la de verse privado de este reconocimiento, su principal derecho. Además… podremos alargar la inocencia, creer siempre en los "Reyes Magos" y como mi nieto Pablo Jorge, en que nuestro corazón es de "oro" (literalmente). Se lo ha dicho su papé, porque le hizo una radiografía - Sí abuela, él ha visto mi corazón-.



                                                                      

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