viernes, 24 de enero de 2014

10. Sin equipaje



He llegado para despedirme del plural.
Detenido frente a la ventana
de la que hasta ayer fue mi casa,
mirando hacia el interior
observo los muebles, los cuadros,
la alfombra acumulando horas
y las paredes, cansadas y frías.
Se han marchitado las palabras;
la morada se enfrenta a un silencio pesado,
mortal, sin carácter, sin afecto.
Todos los libros, ciegos, han enmudecido.
Los cercos se han ajado forzosamente,
limitando a las puertas sin esperanzas,
atascando el tiempo en un conflicto
desilusionado de años, humedades, sombras
y telas de araña limpias de quimeras.
Le doy la espalda a los recuerdos
y antes de llamar distancia a la vivienda,
han cubierto el camino las espigas
con dientes de amargura en la conciencia,
y un campo de amapolas en el olvido.

9. Imaginaria carta de Antonio Machado a Leopoldo de Urquía – 1912 (su amigo entrañable en Baeza)



Amigo mío: añoro nuestra pasada juventud;
el estudio, codo a codo, compartiendo
sombras expectantes de inquietud.
Leopoldo de Urquía, ahora el destino
a Baeza me guía, donde de maestro ejerces.
Baeza, la del cielo azul, allí voy a la cátedra
que me has procurado tú.
Supiste, que a la muerte de Leonor en Soria,
la tristeza me invadió, y dijiste: “ven…
que el aire de Andalucía, vida te volverá a dar,
y ver el azul de su cielo, el cielo
de tu Sevilla, estoy seguro, evocarás.”
Y vine, triste e incómodo en un viejo tren.
¡Ay, pobres trenes de principios de siglo!
Asientos de madera, duros, molestos y mal olor;
en este viaje ¡Cuánto he sufrido! Buscando,
encontrar consuelo en un afecto, que sólo da,
lo que tu y yo tenemos, una verdadera amistad.
Mas…llego a la estación… ¡tú no me esperas!
¿Qué ha podido pasar?...Hasta Baeza, largo camino hay.
En un carro de verduras, tienen la atención de llevarme,
hasta la misma puerta de la Universidad.
Pregunto por el Sr. Urquía. Un bedel, afligido, contesta:
-“Lo siento Sr. Machado, al Sr. Urquía, imposible
le ha sido irle a esperar. ¡En la Agonía, está desde esta mañana,
reunidos sus compañeros, con él están!”-
Doy un grito de dolor: ¡Ay, mi amigo en la agonía!
¡Es para desesperar! (El bedel sonríe.) Sorprendido,
al verlo, le miro yo. –“Sr. Machado, no se preocupe;
son unas copitas…y nada más; la Agonía es una “tasca”
donde algunos maestros, allí, suelen tratar,
asuntos mas o menos serios de la Universidad”-
¡Vaya un alivio! Un abrazo fuerte, corriendo le voy a dar.
(Esta carta es ficticia, aunque la anécdota es verdad, pues,
la cuentan en Baeza a todo el que la quiere escuchar)


8. La busca



Como una estrella errante,
ando por esos caminos,
llevo como compañeros,
el sol, la lluvia y el viento.

A veces desando caminos,
o cojo un atajo nuevo,
busco algo que he perdido,
lo perdí con mis acciones,
con mis actos, con mis hechos.

Yo sé que te encontraré, llegaré lejos, muy lejos,
cruzaré montañas y ríos,
pasaré por quebradas y barbechos.

Debo darme prisa, ya que la vida pasa,
pasa rauda la vida, y yo te echo de menos
echo de menos tu mirada y tu alegre risa,
y sobre todo tu voz suave y tranquila llamándome,
pero yo no te escuchaba, no te oía.

Deseaba vivir mi vida a mi manera,
sin pensar en nada ni en nadie.

Pero ahora estoy arrepentida,
y cuando te encuentre, tú me perdonarás,
para volver a ser Dios mío lo que siempre fuimos. 



7. En los jardines de Aranjuez



En los jardines de Aranjuez
cerca del Tajo y de la Vega
entre magnolios escondidos
tengo una casita que te espera.

Allí los besos son más dulces
y allí podrán rivalizar,
el suave aliento de mi boca
con el clavel y el azahar.

 Y entre rumores
que el viento lleva,
serán las notas de mi cantar
y mis ojos y mis labios te dirán
cuanto que te he de amar.

Y cuando amanece el día
con el divino canto del ruiseñor,
yo te espero vida mía
en Aranjuez con tu amor.


martes, 21 de enero de 2014

6. Sueño



Busco tu dilema entre las piernas,
en esos amores de piel dilatada,
y en esas aventuras
donde se deshojan salvajes los cuentos

Lamiendo tus besos
desgarro mis pechos
y mis uñas no te alcanzan,
mientras visito el terciopelo de tu piel
tantas veces deseada.

No hay mares sin ti
océanos que no traigan brisas de recuerdo:
al olor de tu cuerpo, a tu sexo
a salitre fresco,
bendiciones de nuestra unión.

Quiero volver a entregarme
sin temor al sueño pasajero del naúfrago
cuando a la orilla se acerca el ocaso.

Vuelve a mi seno.
Será el futuro de más dilemas
un día, dos o tres,
pero será.